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Con la mirada puesta en otros continentes

En la época en la que términos tales como economía circular y sostenibilidad están en boca de muchas personas, revisar y tener claro el origen de las materias primas que se emplean en los productos cosméticos adquiere una importancia relevante.

De acuerdo con Euromonitor International, una de las principales tendencias globales del sector cosmético es que más del 50% de los consumidores con conciencia ambiental en el mundo consideran importante que los productos sean 100% naturales. Por otra parte, mencionar entre las características del producto que en su fabricación se ha realizado con “uso de agua eficiente”, o bien que el producto es “100% orgánico” o que este contiene “ingredientes naturales” son proclamas cada vez más atractivas para los consumidores a nivel global, consumidores que cabe decir, cada día se informan más sobre aquello que van a usar o a comprar.

Teniendo muy presente este contexto en cuanto a tendencias del consumidor se refiere, la búsqueda de nuevos ingredientes exóticos, ligados a una historia y además que cuenten con el componente de sostenibilidad es uno de los pilares para desarrollar productos innovadores.

América es el continente que cuenta con más países ricos en biodiversidad: Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú, Venezuela y Estados Unidos.

Brasil, es el primer país megabiodiverso del mundo, y es Colombia el segundo a la cola, ambos en el mismo continente. En Colombia, la industria de ingredientes naturales exóticos o de especies nativas cuenta con un gran potencial, de hecho según el Análisis de competitividad del sector cosméticos e ingredientes naturales del Programa Safe+, de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial – Onudi, 2015- “La base exportadora colombiana de ingredientes naturales es aún limitada, sin embargo, la gran biodiversidad del país constituye un factor importante para competir en el mercado internacional a través de productos innovadores y exóticos”

En el campo de la cosmética, es inevitable pensar sobre todo en ingredientes amazónicos, que han podido llegar a ser conocidos en Europa gracias a marcas cosméticas internacionales como L’Oreal y la introducción de productos con polifenoles de açaí (fruto de la palmera Euterpe oleracea) en la línea serie expert, o en The Body Shop con la línea “Spa of the World” con un exfoliante de copoaçú (fruto de la palmera Theobroma grandiflorum), y seguramente, podamos encontrar muchos más si se profundiza un poco. Casualmente, algunos de estos ingredientes se tienen como aptos para el consumo humano como “Súper alimentos”-como es el caso del açaí.

La Amazonía, es un vasto territorio que comparten Brasil y Colombia junto con otros siete países y comprende la selva tropical de la cuenca del Amazonas. Pero Colombia, cuenta además en su extensión geográfica con diferentes ecosistemas, que le hacen poseedor de multitud de ingredientes nativos, listos para ser compartidos y apreciados por un público que busca exotismo, experiencias nuevas y en definitiva trasladarse a lugares lejanos llenos de misticismo.

Llama poderosamente la atención un ingrediente que además resulta muy atractivo en esta industria. Se trata de un aceite que proviene de una nuez de un árbol nativa de la Amazonía y la Orinoquía colombiana. Aunque hay otros países en los que se ha estudiado, como Venezuela, Brasil, Perú y Ecuador, es en este caso Colombia quien ha encontrado en esta nuez la posibilidad de industrializarla y no sólo eso, explotarla de acuerdo a tres pilares igual de importantes: el social, el económico y el medioambiental.

La nuez del cacay proviene del árbol Caryodendron orinocense, conocido entre los locales también por ser el “árbol vaca” o la “vaca vegetal” ya que tanto sus frutos como el árbol en sí mismo tienen muchas aplicaciones en la industria cosmética, farmacéutica y alimentaria.

De la nuez se obtiene un aceite cuyo uso es corporal y capilar, ya que contiene dos e incluso tres veces más retinol que el conocido aceite de argán. Desde el punto de vista gastronómico, sus nueces se pueden ingerir crudas y tostadas, hacer harina e incluso obtener leche de la almendra. En Medicina natural se ha usado como reconstituyente, laxante suave; la savia se ha utilizado como cicatrizante y el aceite de la nuez se ha usado para fabricar cremas y jabones para el cuidado de la piel. Además, su madera es empleada también por los agricultores para utensilios de uso común e incluso en las construcciones y en actividades ganaderas tales como alimento para animales.

Esta nuez, se recoge de forma silvestre por los campesinos e indígenas, de forma que genera ingresos a las comunidades que se encuentran en zonas de conflicto, y hay una compañía en Colombia, que se dedica al cultivo y transformación de este producto, y que gracias a ONGs y diferentes entidades gubernamentales, ha hecho de esta semilla una alternativa de sustitución a los cultivos ilícitos, generando desarrollo en el país.

Muchos ingredientes dan o pueden dar estas oportunidades de economía sostenible a la que todos podemos aportar, ingredientes tales como el achiote del arbusto Bixa orellana que actualmente se emplea en Colombia como colorante alimenticio sustituto de la tartracina (amarillo 5 o E-102), y que era empleado por los indígenas amazónicos aplicándolo sobre la piel para repeler picaduras de insectos; el huito- jagua, fruto del árbol Genipa americana, que actualmente una empresa colombiana está procesando para extraer un colorante azul de origen natural, con aplicaciones cosméticas y alimentarias, y cuya recogida también se realiza de forma silvestre por los nativos del lugar.

Puedo decir que durante estos seis años viviendo en Colombia desempeñándome en el campo de la cosmética, he tenido la suerte de conocer ingredientes pertenecientes a los recursos únicos y característicos de esta geografía, ligados además a fusiones culturales que han dado lugar a hermosas historias. Descubrí con grata sorpresa un trabajo lleno de creatividad, que me ha permitido crear productos innovadores que pueden tener una buena acogida en el mercado internacional, y que en estos momentos me hace estar llena de gratitud y con muchas ganas de seguir en este camino, ávida de adquirir más conocimiento y con ganas de desarrollar más. Pero, además, agradecida de saber que con estos ingredientes estamos favoreciendo a sectores de la población que son vulnerables para que puedan alcanzar una situación de bienestar, y no sólo eso, sino tratando de generar equilibrio en esta naturaleza que entre todos tanto hemos dañado.

Ana María Puertas Arbizu

Química farmacéutica asesora en proyectos de investigación y desarrollo cosmético