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Texturas emocionantes

“Suena música chillout y se escucha el sonido de las olas del mar de fondo, casi se puede sentir la brisa y el olor a yodo y sal. La temperatura es la correcta ni calor ni frío, como cuando se está en invierno en esas terrazas acristaladas que dejan pasar los rayos de sol acariciando la piel y una buena taza de café calienta la garganta y su aroma se filtra de forma sigilosa por la nariz. El tacto de la sábana y la toalla de la camilla es suave y agradable al contacto con la piel y el ambiente envolvente de la sala del centro de estética traslada la mente a otro lugar llamado desconexión.

Comienza el tratamiento, se empieza a escuchar el abrir y cerrar de tarros, el sonido del agua y del mortero arrastrando y mezclando arcillas y alginatos. Aumenta la temperatura de la piel con el masaje pero también disminuye al contacto con la mascarilla.

Un vaivén de emociones sacude al cerebro con las diferentes sensaciones que está viviendo. Texturas suaves, ásperas, sensaciones de calor que acaban en frío y de frío que acaban en calor, olores intensos y a su vez suaves que reavivan momentos maravillosos de la vida, sonidos “crunchy” que recuerdan a la niñez, cuando unos polvos pica-pica estallaban en la boca y emitían divertidos sonidos y emulsiones que se mueven en bloque pero con elasticidad como si de un postre de gelatina se tratara.

Se detiene la música y el silencio y unos amables toquecitos en el hombro avisan del final del tratamiento. Las pupilas dilatadas, por las miles de sensaciones sentidas, contactan de nuevo con la tenue luz de la sala y un espejo muestra lo evidente, una cara feliz y relajada con un tacto liso y suave y un color sonrosado y saludable. Lo peor es la extraña forma que ha tomado el cabello pero eso no importa y queda totalmente recompensado por la maravillosa experiencia que se acaba de vivir.”

Esta narración sólo supone una parte de lo que las texturas cosméticas pueden llegar a hacer sentir al consumidor. Pero ¿qué ocurre cuando el cliente se va a casa? En un centro profesional puede resultar más sencillo trasladar al consumidor a ese maravilloso mundo de sensaciones, lo complicado viene después, cuando el cliente se va a casa e intenta vivir una experiencia similar. Es justo en ese momento cuando el formulador debe poner todos sus sentidos para encontrar formulaciones eficaces, pero también estimulantes. Este es uno de los principales motivos por los cuáles se ha comenzado a prestar especial atención a la obtención de texturas originales y provocadoras.

Hablar de texturas equivale a hablar de sentidos, sensaciones, emociones, recuerdos y sueños. Conseguir la textura deseada no es fácil, es más, se podría decir que es la meta de todo formulador y en lo que se basa su día a día.

Atrás quedaron las clásicas emulsiones para dar paso a la cosmética de alta costura. La combinación de siliconas o sustitutos de siliconas, aceites, ceras de última generación, mantecas exóticas, polvos aterciopelados, gomas de diferentes orígenes y emulsionantes ultra-tecnológicos amplían la variedad de formatos en el mercado cosmético, llegando así a todos los públicos.

La cosmética funcional pasa a ser neuro-cosmética y las formulaciones sencillas se vuelven sofisticadas y emocionantes.

Para profundizar sobre el tema nada mejor que hablar con los expertos de una conocida tienda especializada en marcas coreanas afincada en Barcelona, ya que fue la cosmética coreana la que inició la tendencia a investigar nuevas texturas.

Resulta sorprendente ver como productos que parecen ser una cosa pasan a ser otra, transformándose al entrar en contacto con otro medio, ya sea con la piel, con agua, etc . Este tipo de productos se conocen como camaleónicos.

Atrás quedaron los tónicos y leches limpiadoras para dar paso a desmaquillantes originales como por ejemplo aceites desmaquillador es que al contacto con el agua pasan a ser una emulsión suave y ligera, ¿los responsables de esta transformación? Perfectas combinaciones de aceites y Polyglyceryl, conocido por su capacidad de convertir aceites vegetales inicialmente insolubles en fase acuosa en dispersables en agua.

Por otro lado y como novedad, un desmaquillante en formato bálsamo, con textura rugosa que en contacto con la piel se convierte en un aceite muy agradable gracias a emulsionantes ligeros como PEG-20 Glyceryl Triisostearate o Glycerin Inulin Lauryl Carbamate y sustitutos de siliconas.

No sólo se observan texturas originales en los desmaquillantes faciales, también en cosmética decorativa. Una de las novedades más originales ha sido la técnica asiática “cushion”, que sustituye la clásica brocha de maquillaje por una almohadilla que alarga su duración. Para conseguir que la aplicación sea sencilla a través de la almohadilla se necesitan emulsiones fluidas de secado rápido a base de siliconas u otros emolientes como Isohexadecane o Isododecane.

También es habitual encontrar labiales y maquillajes ultra-mates que pasan de emulsión a polvo en un segundo gracias a las siliconas e ingredientes minerales como el Bismuth Oxychloride que permiten obtener un tacto final aterciopelado gracias a su excelente adhesión y poder de recubrimiento.

Otra sensación que gusta mucho sentir es la del frescor y eso lo proporcionan las brumas antiguamente llamadas sprays faciales, que no es que hidraten o nutran muchísimo, pero dejan la piel fresca y resulta ideal para pieles grasas y mixtas. Suelen contener 40-60% de aguas florales o termales, Glicerina y algún extracto vegetal.

También las texturas watery o sorbete dan sensación de frescor. Son el resultado de formular emulsiones extra-ligeras que hidratan y provocan un efecto inmediato de ducha fría produciendo una vasodilatación que permite al cuerpo autorregular la temperatura y así reducir las rojeces y calmar picores. Resultan Ideales para las nuevas generaciones que necesitan resultados al instante. Sus formulaciones ricas en fase acuosa se mezclan con fases oleosas formadas normalmente por siliconas

Resulta imposible acabar este post sin mencionar las mascarillas, y sobre todo la más especial y sorprendente, “la burbujeante”. Su éxito es fácilmente comprobable en redes sociales donde se encuentran fotos muy divertidas que mutan del “tissue” a la piel con una textura espumosa.  Su contenido en agua carbonatada y perfluorocarbonos (Methyl Perfluoroisobutyl Ether, Methyl Perfluorobutyl Ether o Perfluorodecalina), aporta un extra de oxígeno a la piel, que estimula la producción de colágeno y la regeneración de las células epidérmicas, consiguiendo así una piel tonificada, firme e hidratada.

No hay que subestimar tampoco a la hermana pequeña de la mascarilla burbujeante, la “sleeping mask” o mascarilla nocturna, que también viene pisando fuerte. Su formato cremi-gel fácil de aplicar está enganchando a un público bastante amplio, ¿el truco? Que se puede usar durante la noche y promete un despertar radiante. Si la tuviéramos que situar en un orden dentro de la rutina facial quedaría entre la nutritiva-hidratante de noche y el sérum o las ampollas flash, ya que contiene activos en su máxima concentración, emulsionantes que mejoran su liberación y efecto “film-forming” ¿Sus ingredientes principales? Glicoles, siliconas, emolientes naturales, activos calmantes, gomas, agentes súper hidratantes como el Panthenol o el Hialurónico y extractos vegetales.

Estas son sólo algunas de las texturas que se encuentran en el mercado pero existen y existirán muchas más porqué hay un público que no se conforma sólo con productos que eliminen sus arrugas, ojeras o manchas en la piel sino que van más allá, buscan una cosmética más emocional, que les aporte bienestar y les ayude a mejorar su estado de estrés diario. También buscan cosmética sostenible y de origen natural así que habrá que ponerse las pilas con el I+D y trabajar en texturas que cumplan con los objetivos de las nuevas tendencias.

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Soraya Ramón
Technical & Application Lab Manager en Quimibios
www.quimibios.com