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PIEL Y ESTRÉS

El estrés es un estado excesivo de alerta y angustia que puede llevar a nuestro cuerpo a sufrir problemas cardíacos, nerviosos o inflamatorios. Nuevos estudios reflejan que el estrés también puede perjudicar nuestra piel.

Una encuesta a mujeres de entre 30 y 45 años muestra que la mayoría de ellas intentan compatibilizar por lo menos cuatro tareas al día. Muchas mujeres y también hombres, se sienten sobrepasados por el cúmulo de obligaciones y cansados incluso después de una buena noche de sueño. La filosofía del mundo moderno de “hacer las cosas más y más deprisa” se está extendiendo. Entre los niños, el trabajo y las demás obligaciones, la vida puede volverse estresante muy rápido. Todos tenemos maneras distintas de lidiar con un estilo de vida acelerado, pero el cuerpo reacciona siempre como si estuviera en condiciones de máximo estrés y, por ello, libera un mediador en todos los tejidos que asciende hasta la piel: el cortisol.

Esta sustancia es necesaria para mantener nuestro cuerpo en alerta, en pequeñas cantidades, el cortisol es un reflejo de adaptación normal y saludable. Hace miles de años, nuestra subsistencia dependía de estar muy despierto y reaccionar rápido ante un peligro, pero estos estados de máxima alerta se combinaban con otros de calma y descanso. Hoy en día en nuestra civilización la mayoría de personas llevan una vida de intensa actividad diaria, esto obliga al cuerpo a mantener altos niveles de cortisol permanentemente y como consecuencia nuestra piel se ve perjudicada en numerosos frentes:

  • Alteración de la función de barrera.
  • Aparición de síntomas de sensibilidad como enrojecimiento, picor, escozor e inflamación. Cada vez hay más % de personas con piel sensible.
  • Afecta negativamente el metabolismo de lipólisis y potencia la celulitis. Incluso interfiere en el correcto funcionamiento de activos anticelulíticos como la cafeína.
  • Afecta negativamente a la biomecánica de la piel y por lo tanto puede ser precursor de flaccidez.

Además de incrementar el cortisol en piel, el estrés, puede dañar su primera línea de defensa: la microbiota. Día tras día, expuesta a los rayos UV, a la contaminación o incluso al estrés, el equilibrio de la microbiota se ve amenazado y puede romperse, provocando disbiosis (desequilibrio) y trastornos cutáneos. Este desequilibrio de los microorganismos está presente en numerosas patologías dérmicas y puede provocar su empeoramiento progresivo si no se controla.

La empresa francesa Codif, pionera en el estudio de los efectos del estrés sobre la piel ha creado un modelo para medir el impacto sobre la piel y así crear activos que contrarresten esta acción nociva del cortisol. Además, ha estudiado el impacto de nuestro estilo de vida en la microbiota de la piel. Como consecuencia de un estilo de vida estresante en nuestra microbiota incrementa la presencia de bacterias potencialmente patógenas en detrimento de otras. Se rompe el equilibrio y se pierde la diversidad necesaria para una piel sana. Como consecuencia, se incrementa la acidez y la inflamación precursoras de problemas dérmicos.

En este caso, Codif recomienda reforzar la microbiota de la piel con pre-bióticos que proporcionen a la piel una dieta saludable y equilibrada, como su nuevo activo ACTIBIOME. Este activo demuestra reequilibrar la microbiota alterada por el estrés en una semana.

Está claro que los futuros tratamientos reparadores, no solamente tendrán que centrarse en las funciones clásicas de nutrir, reparar y frenar la oxidación sino que también será imperativo reducir el impacto del cortisol (calmar la piel) y reequilibrar la microbiota.

Elena Grau
Consejera Delegada en EG Group
egrau@egactivecosmetics.com